La esperanza es lo último que se pierde, ¿no? Pues entonces no está todo perdido. Realmente… no hay nada perdido. Ahora ya no espero nada de nadie, ni siquiera espero a Nadie (escrito con mayúsculas, puesto que en este caso Nadie es un nombre propio). Ahora mismo sólo espero encontrar mi lugar en este mundo de locos, y mantener la esperanza de que en ese lugar… esté también la felicidad robada.
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